Aprendizaje, Pensamiento Crítico y Futuro
Aprendizaje, Pensamiento Crítico y Futuro
“¿Por qué el pensamiento crítico es particularmente
valioso?”
“El futuro
pertenece ahora a las sociedades que se organizan para aprender… las naciones que deseen tener ingresos altos y
empleo total deben desarrollar políticas que
enfaticen la adquisición de conocimiento y habilidades por parte
de todos, no solo de unos pocos elegidos”.
“El
pensamiento crítico es el proceso del juicio intencional, auto regulado. Este
proceso da una consideración razonada a la evidencia, el contexto, las
conceptualizaciones, los métodos y los criterios"
Empecemos con usted. ¿Por qué sería conveniente que
usted tuviera habilidades cognitivas de interpretación, análisis, evaluación,
inferencia, explicación y auto regulación?
¿Por qué valoraría usted aprender a enfocar tanto la
vida como asuntos específicos con las disposiciones hacia el pensamiento
crítico anteriormente mencionadas?
¿Tendría más éxito en su trabajo?
¿Tendría mejores calificaciones en su estudio?
En realidad y científicamente hablando, la respuesta a
la pregunta sobre la mejora en sus calificaciones es “muy posiblemente”. Lo
aseveramos porque un estudio de más de 1100 estudiantes universitarios muestra
que los puntajes obtenidos en una prueba de habilidades de pensamiento crítico
a ese nivel tienen una correlación significativa con los promedios de
calificación universitarios.
Un propósito importante, si no el más importante, de
la experiencia de educación superior, ya sea a nivel técnico o universitario,
es alcanzar lo que la gente ha llamado una “educación liberal”. No liberal en
el sentido de unas nociones de esto o de aquello con el único propósito de
cumplir con los requerimientos de un programa específico. Sino liberal en el
sentido de “liberador”. ¿Y quién se libera? ¡Usted! Liberado de un tipo de
esclavitud ¿Pero, de quién?
De los profesores. En realidad de la dependencia de
ellos que ya no son las autoridades infalibles que emiten opiniones más allá de
nuestra capacidad para desafiar, cuestionar, disentir. Y esto es exactamente lo
que los profesores desean. Ellos quieren que sus estudiantes sobresalgan o
triunfen por ellos mismos, que vayan más allá del conocimiento actual, que
hagan sus propios aportes tanto al conocimiento como a la sociedad. [Ser
profesor es un trabajo curioso –– mientras mejor seas, menos ayuda
tuya necesitan tus estudiantes para aprender].
La educación liberal consiste en
aprender a aprender, a pensar por uno mismo, de manera independiente y en
colaboración con otros. La educación liberal nos conduce a apartarnos de la
aceptación ingenua de la autoridad, para situarnos por encima del relativismo
contraproducente y más allá del contextualismo ambiguo. Culmina en un juicio
reflexivo apoyado en principios. Aprender a pensar críticamente y cultivar el
espíritu crítico, no son solo medios para conseguir ese fin, hacen parte del
objetivo mismo. De las personas que son malos pensadores críticos y carecen de
las disposiciones y las habilidades descritas, no puede decirse que posean una
educación liberal, sin importar los grados académicos que puedan tener.
Sí, la educación liberal es mucho más que el
pensamiento crítico. Involucra la comprensión de los métodos, de los
principios, de las teorías y de las maneras de adquirir el conocimiento que es
propio de las diferentes esferas intelectuales. Se da en ella el encuentro con
las dimensiones cultural, ética y espiritual de la vida. Comprende la evolución
de la toma de decisiones de carácter personal hacia otra que tenga en cuenta un
nivel de integridad de principios y de preocupación por el bien común y la
justicia social. También, el darse cuenta de las maneras en que nuestras vidas
se moldean por obra de fuerzas políticas, sociales, psicológicas, económicas,
ambientales y físicas, tanto globales como locales. Además está el crecimiento
que proviene de la interacción con nacionalidades, culturas, idiomas, grupos
étnicos, religiones y niveles socioculturales diferentes de los propios.
Implica, refinar las sensibilidades humanas propias mediante la reflexión sobre
las preguntas recurrentes de la existencia humana, como el amor, la vida y la
muerte. Está la sensibilidad, apreciación y evaluación crítica de todo lo que
es bueno y lo que es malo en la condición humana. A medida que la mente se
despierta y madura y, con el suministro de la adecuada nutrición y alimentación
educativas, estas otras facetas fundamentales de la educación liberal se
desarrollan también. El pensamiento crítico juega un papel fundamental para
alcanzar estos propósitos.
Los expertos dicen que el pensamiento crítico es
fundamental, si no esencial, para “una sociedad racional y democrática”. ¿Qué
querrán decir con esto?
Pues bien, ¿qué tan sabia sería la democracia si la
gente abandonara el pensamiento crítico?
Imagine un electorado que no se preocupara por los hechos, que no
quisiera considerar los puntos a favor y en contra de un asunto y, si lo
hiciera, no tuviera el poder mental para lograrlo. Imagine su vida y la de sus
amigos y familia, en manos de jurados y jueces cuyos prejuicios y estereotipos
rigen sus decisiones; que no presten atención a la evidencia; que no se
interesen por la investigación razonada; que no puedan hacer o evaluar una
inferencia. Sin pensamiento crítico a la gente se la puede explotar más
fácilmente, no solo política sino económicamente. El impacto de abandonar el
pensamiento crítico no se reduciría a la micro economía de la cuenta corriente
hogareña. Suponga que las personas involucradas en el comercio internacional
carecieran de las habilidades de pensamiento crítico: serían incapaces de
analizar e interpretar las tendencias del mercado, de evaluar las implicaciones
de las fluctuaciones en los intereses o de explicar el impacto potencial de los
factores que influyen en la producción y en la distribución de materias primas
y bienes manufacturados.
Suponga que esta gente fuera
incapaz de hacer sus propias inferencias a partir de hechos económicos o de
evaluar adecuadamente las quejas de personas inescrupulosas y mal informadas.
En una situación así, se cometerían graves errores económicos. Sectores
completos de la economía se volverían impredecibles y habría una alta
probabilidad de que se produjera un desastre económico a gran escala. Entonces,
dada una sociedad que no valore y cultive el pensamiento crítico, podríamos
esperar con razón, que con el tiempo, el sistema judicial y el sistema
económico colapsen. Y, en una sociedad como esa, en la que no se libere a los
ciudadanos enseñándoles a pensar críticamente por sí mismos, sería una locura
abogar por formas democráticas de gobierno.
Ser una persona libre, responsable significa ser capaz
de hacer elecciones racionales, sin restricciones. Una persona que no pueda
pensar críticamente, no puede hacer elecciones racionales. Y, quizás, aquellos
que no tienen la habilidad para hacerlas no deberían poder andar libremente
haciendo lo que les plazca, ya que siendo irresponsables, fácilmente pueden
convertirse en un peligro para ellos mismos y también para el resto de
nosotros.
Considere las “revoluciones
culturales” que emprenden los gobernantes totalitarios. Haga conciencia de
cómo, en virtualmente todos los casos, los déspotas absolutistas y
dictatoriales buscan limitar cada vez más la libertad de expresión. Rotulan a
los intelectuales “liberales” como “peligros para la sociedad” y despiden
profesores “radicales” de sus trabajos porque pueden “corromper a los jóvenes”.
Algunos, usan el poder de
su autoridad gubernamental o religiosa para aplastar no solo a sus opositores
sino también a las personas moderadas y todo esto para mantener la pureza de su
movimiento. Intimidan periodistas y agencias noticiosas que se atreven a hacer
comentarios “negativos” sobre sus objetivos políticos o culturales y sobre su
mano dura.
La evidencia histórica está
allí para que veamos lo que sucede cuando se cierran los colegios o cuando se
transforman de sitios de aprendizaje en sitios de indoctrinación. Sabemos qué
pasa cuando a los niños no se les continúa enseñando a buscar la verdad, no se
les enseñan las habilidades del buen razonamiento o las lecciones que arrojan
la historia de la humanidad y las ciencias básicas: las culturas se
desintegran; las comunidades colapsan; la maquinaria de la civilización falla;
muere un gran número de personas; y tarde o temprano sobreviene el caos político
y social.
O, imagínese una hegemonía
de los medios de comunicación, la religión o la política que en lugar del
pensamiento crítico, cultivara todas las disposiciones contrarias o simplemente
reforzara la toma de decisiones carentes de crítica, impulsivas o con el
enfoque de “listos-apunten- fuego” a la acción ejecutiva. Imagínese las
estructuras gubernamentales, los administradores y los líderes comunitarios
quienes, en lugar de fomentar el pensamiento crítico, se empeñaran en tomar
decisiones intencionadamente irracionales, ilógicas, perjudiciales,
irreflexivas, imprudentes y poco razonables
En el 2007 los noticieros de mundo informan sobre
edificios escolares destruidos y profesores muertos por terroristas y
extremistas religiosos violentos. La educación que incluye una buena dosis de
habilidades de pensamiento crítico y de disposiciones como búsqueda de la
verdad y apertura mental constituye un problema para terroristas y extremistas
que quieren tener el control absoluto de lo que la gente piensa. Sus métodos
incluyen la indoctrinación, intimidación y un estricto autoritarismo ortodoxo.
En el mundo “blanco y negro” de “nosotros contra ellos” una buena educación
significaría que las personas comenzaran a pensar por cuenta propia. Cosa que
no desean los extremistas.
La historia nos demuestra que la persecución a al
enseñanza, ya sea mediante la quema de libros o el exilio de intelectuales o
regulaciones tendientes a suprimir la investigación y la búsqueda del
conocimiento (imparcial, basado en evidencia y con libertad) pueden suceder en
cualquier parte si la gente no esta alerta para defender la indagación abierta,
objetiva e independiente.
¿Significa esto que la sociedad debe dar un valor muy
alto al pensamiento crítico?
¡Desde luego!
¿Significa lo anterior que la sociedad tiene derecho a
forzar a alguien a que piense críticamente?
Quizás. Pero, en realidad, ¿será necesario hacerlo?
Las
habilidades del pensamiento crítico de interpretación, análisis y evaluación se
encuentran descritas del cuarto al sexto nivel en la taxonomía de Bloom, la
cual incluye: análisis, síntesis y evaluación (Campos, 2007). En este sentido, el
pensamiento crítico explora más allá del último nivel de Bloom al inferir las
consecuencias de las decisiones, argumentarlas mediante la explicación en un
proceso de diálogo, así como auto-regular el aprendizaje para obtener una
mejora continua en los niveles de desempeño de la competencia.
La
didáctica del pensamiento crítico requiere de un aprendizaje activo para la
construcción de un buen conocimiento. Para que el alumno aprenda un concepto es
necesario primero internalizarlo, para poder después aplicarlo y observar el
valor del concepto adquirido. Así mismo requiere de una evaluación constante de
su trabajo, una auto-evaluación como parte integral (Elder et al., 2008: 1).
Para
el desarrollo del pensamiento crítico se debe incentivar un espíritu crítico,
que partirá de un sondeo de la curiosidad, agudeza mental, una razón dedicada y
hambre de adquirir información fiable (Facione, 2011: 10). El reflejo de
este espíritu se traduce en un desarrollo que va fuera del aula, en donde el
alumno se destaca por la curiosidad de un gran rango de asuntos, su
preocupación por adquirir una buena información, la confianza en sus
habilidades para razonar, una disposición para adquirir nuevos puntos de vista
y honestidad para encarar sus propios prejuicios (López, 2012: 7).
Un
buen pensador crítico presenta los siguientes rasgos (Campos, 2007):
·
Autoconciencia:
reconocimiento de premisas, prejuicios, sesgos y puntos de vista.
·
Honestidad:
reconocimiento de impulsos emocionales, motivos egoístas, propósitos
tendenciosos, etcétera.
·
Mente abierta:
evalúa los diversos puntos de vista, acepta nuevas alternativas pero a la luz
de la evidencia.
·
Disciplina: es
preciso, meticuloso, comprensivo y exhaustivo, resiste la manipulación y
reclamos irracionales y evita juicios apresurados.
·
Juicio: reconoce
la relevancia y/o mérito de premisas y perspectivas alternativas y la extensión
y peso de la evidencia.
Específicamente
sobre la competencia de pensamiento crítico, Olivares (2016) asocia algunas
de las habilidades
con el método pedagógico estructurado que
conlleva su aplicación:
·
La primera etapa
consiste en leer el problema e identificar lo que ya se sabe del mismo,
activando el conocimiento previo y demostrando la capacidad de la persona de
aplicarlo en diferentes contextos. En este momento se requiere utilizar la
habilidad de interpretación.
·
La segunda etapa
implica obtener y procesar información que hipotéticamente está asociada al
problema, es decir, construir una nueva red semántica para reestructurar este
conocimiento. Durante esta etapa se puede desarrollar la habilidad de análisis.
·
En la tercera se
requiere discriminar opciones en forma grupal y contar con criterios propios
para definir una solución, desarrollando así la evaluación.
·
En la cuarta
etapa se presentan soluciones, por lo que se establece un nuevo nivel de
conocimiento que será el punto de partida para una futura situación
problemática, aplicando la explicación.
·
Finalmente, el
alumno puede desarrollar un reporte con las inferencias de las consecuencias de la conclusión
establecida y una reflexión individual sobre su desempeño con lo cual
desarrolla la auto-regulación de su aprendizaje (Olivares, 2015).
EL PENSAMIENTO CRÍTICO Y LA TOMA DE DECISIONES
Si se
toman en cuenta estas habilidades, se logra ver la importancia
que pueden tener cada una de ellas
en el desarrollo personal y profesional. Si se
forman personas críticas, estas
tendrán la capacidad de tomar decisiones desde una perspectiva más honesta y objetiva.
Le recomendamos ver
esta conferencia TED realizada
por Pablo Perez- Peatow, llamada “Sin pensamiento Crítico no eres nadie”. En
ella habla de las fallas del sistema educativo español e invita
a cada alumno a desarrollar sus propios
pensamientos sin
que otros les digan qué y cómo pensar.
Una
vez analizado qué es el pensamiento crítico y
las habilidades que se deben tener para desarrollarlo, es
hora de adaptarlo en la toma de decisiones profesionales,
más cuando se lideran equipos o en casos más
importantes, se tiene la posibilidad de liderar un país.
La política muchas veces llega
más allá de lo racional y
los seguidores se involucran de manera pasional, por eso, se
debe ser muy cuidadoso con las acciones, ya que
como expresaba Julio César: “Aquellos
temas que se abordan desde la pasión son muy
difíciles de hacerlo bajo la certeza de las cosas, desde un
posicionamiento predeterminado, con prejuicios y desde el sectarismo que ayudan
muy poco a encontrar la verdad de la cosa”
En el ámbito del liderazgo, por ejemplo, podemos
encontrarnos con situaciones diferentes que evidencian el mejor o peor uso del
pensamiento crítico, lo que calificaría a esos líderes de manera automática, en
líderes más o menos efectivos.
Un líder efectivo requiere:
1º) Contar con la información veraz y oportuna.
2º) Tratarla de la manera más adecuada en función de
si es un mero mecanismo operativo o entra en la esfera de toma de decisiones.
3º) La mera posesión de un conjunto de habilidades,
implica el uso continuo de ellas.
4º) El uso de esas habilidades es la capacidad en sí
misma de ejercerlas, aunque sin necesidad de garantizar los resultados.
5º) No tendrá valor ni consecuencias positivas aquel
pensamiento crítico que persiga la satisfacción de fines personales del líder
en vez de estar al servicio del interés del personal y/o equipos.
Una consideración a tener muy en cuenta, es que no
existe ningún líder, por más destacado que sea, que su pensamiento crítico sea
universal, porque dependerá del grado y dependencia de muchos elementos y
factores. Es aquí en dónde juega un papel preponderante la experiencia en
determinadas competencias del ámbito de los negocios y las organizaciones.
Nadie puede dominar la amplia gama del pensamiento crítico, sino que por sus
características (tipología de personalidad) y circunstancias personales que le
han llevado a esa posición, sí puede profundizar en un determinado tipo de
pensamiento que le facilite responder las preguntas o enfrentarse a problemas
puntuales.
Nadie es un pensador crítico de principio a fin, sino
sólo en un grado determinado, con puntos fuertes y débiles, con determinadas
tendencias a pensar y/o actuar de determinada manera. La cuestión no es si lo
tiene o no en determinado grado. La eficacia del líder se ve por cómo lo aplica
y a cuál pensamiento crítico se somete ante situaciones diferentes, o siendo
similares, no están contextualizados de la misma forma. Por esta razón, el
desarrollo de habilidades y disposiciones de pensamiento crítico es un esfuerzo
de toda la vida
¿Puede una persona inteligente hacer cosas
incomprensibles por su capacidad intelectual?
¡Claro que sí! Son parte de las reglas del
comportamiento humano. Se puede ser muy inteligente en una disciplina y muy
torpe en las relaciones sociales. De ahí que la inteligencia emocional haya ido
evolucionando en cuanto a su aceptación definitiva por parte de las
organizaciones, como un elemento esencial para la dirección de personas.
Las habilidades directivas se conforman por la
sumatoria de las técnicas más las emocionales. Si éstas últimas no se tienen en
un porcentaje mínimo, aquella capacidad intelectual, incluso razonamiento
crítico puede inhabilitar a un directivo para llegar a la más alta posición de
liderazgo.
La inteligencia no es lo mismo que el pensamiento
crítico y la diferencia importa.
En el ámbito de las organizaciones, el uso diario del
término inteligente está destinado a describir una persona que está bien
informada, que toma decisiones acertadas y con un sentido de oportunidad. En
principio, esta descripción encajaría con cualquier líder, porque no hay duda
que el nivel de inteligencia es una ventaja innegable para ejercer ese
liderazgo. Pero sólo con la inteligencia en el concepto convencional del
término no se logran los mejores resultados ni en el trabajo ni en la vida. Así
de simple.
Investigaciones recientes confirman que la
inteligencia no logra la mejor toma de decisiones en el mundo real y nuestra
capacidad para relacionarnos bien con los demás (relaciones interpersonales).
De ahí que es frecuente en una parte de la doctrina
generada gracias a la investigación científica, sostenga que el pensamiento
crítico es una colección de habilidades cognitivas que nos permiten pensar
racionalmente en una forma orientada a objetivos y una disposición para usar
esas habilidades cuando sea apropiado. Se caracteriza por la flexibilidad, pero
siempre sustentados en pruebas. La evidencia (soporte documental o la
experiencia constatada) son pasos básicos del líder efectivo al ejercer su
liderazgo, para poder especialmente dirigir personas a las que debe dar ejemplo
y hacer que quieran emularle y seguirle.
Esto implica que desde el buen uso del pensamiento
crítico se superen aspectos, por ejemplo, errores cometidos en el pasado
(sesgos cognitivos) porque en el presente las circunstancias son distintas.
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