EVALUACION DE LOS APRENDIZAJES
LA EVALUACIÓN DE APRENDIZAJES Y COMPETENCIAS EN EL AULA

Lic.
Fredy Antonio Orozco Manzanares
Docente
de Investigación Waslala, Matagalpa, Nicaragua 2021
" Qué magnífica
lección la de un profesor que, ante la pregunta de una estudiante sobre
cómo va a evaluar la lectura de un libro, contesta': 'Tú, calladita, eso es
asunto mío'".
RESUMEN
Evaluar es una actividad
más del proceso de enseñanza-aprendizaje; la evaluación debe corresponderse al
modo como se aprende. Los alumnos temen la evaluación porque no se les ayuda a
ser conscientes de cada uno de los procesos de aprendizaje. La evaluación viene
determinada por el proceso y el estilo didáctico que cada profesor utiliza en
el aula, este es el punto clave que debe iluminar, tanto los criterios, como
los instrumentos, ámbitos y modalidades de la evaluación.
Evaluar las competencias
exige romper esquemas de aula; al tratarse de evaluaciones de perfiles de
personalidad, carácter, intereses, etc. La Evaluación dinámica alude a una
forma de evaluación de procesos, donde interviene la función del psicólogo
o del experto mediador, para detectar los microcambios del alumno. La
evaluación no debe contentarse con la realización de la tarea, sino que debe
proporcionarlos medios para saber localizar las dificultades del alumno. La
evaluación debe recorrer una serie de fases que permitan localizar los niveles
de complejidad que el alumno es capaz de superar. La didáctica específica de
cada disciplina debe aportar elementos diferenciadores en las formas y en los
criterios de evaluación.
La evaluación
diagnosticadora debe orientarse a la toma de decisiones sobre cada uno de los
ámbitos del contexto de aprendizaje. Los criterios de la evaluación deben
deducirse de nuestra metodología -de los procesos de enseñanza-aprendizaje que
dinamizan la vida del aula
1. EVALUAR: UNA
ACTIVIDAD MÁS DEL PROCESO DE ENSEÑANZA-APRENDIZAJE.
La cita de nuestra
cabecera refleja una realidad didáctica y la necesidad de un profundo cambio en
el paradigma pedagógico del profesorado... Partimos del actual imperativo de la
enseñanza por competencias, que lentamente se nos impone para comprobarlo que
los alumnos saben hacer, pues no bastan los datos y los conceptos teóricos
memorizados. La evaluación debe entenderse como un recurso esencial en el
control de resultados y de calidad de cualquier ámbito profesional, debe ser
asumida como práctica habitual de la cultura escolar. El alumno no debe
sentirse víctima, sino más bien protagonista esencial de la evaluación, él debe
saber autoevaluarse y tener conciencia de lo que se espera de él al final de la
lección, para ello necesita haber experimentado cada uno de los pasos
metodológicos que le llevan al logro de los objetivos propuestos.
La evaluación no debe
tener carácter sancionador ni represor, sino un insustituible instrumento de
diagnóstico, para la necesaria recogida de información pertinente, que nos
permita conocerlas dificultades de los alumnos, el logro de objetivos
programados, para la oportuna toma de decisiones. Se debe evaluar, según se
enseña. La evaluación debe corresponderse al modo como se aprende. Todo proceso
evaluador debe estar ensayado en las técnicas de aprendizaje, en las
estrategias empleadas para aprender y en el cuestionamiento sobre la
comprensión de los contenidos. Los alumnos temen la evaluación porque no
se les ayuda a ser conscientes de cada uno de los procesos de aprendizaje.
Asistimos a un
pernicioso desfase entre la realidad y los nuevos baremos evaluativos
internacionales -OCDE-, que exigen una formación a fondo del profesorado y un
cambio profundo en las prácticas de los docentes. Desde el momento que asumimos
las competencias, como nuevo constructo formativo, el rol de los docentes se
transforma, ya que deja de ser el depositario único de los saberes, para
desempeñar más una función de organizador, guía y orientador de todos los
procesos de enseñanza-aprendizaje. La tarea fundamental del profesor debe
desplegarse en programarlas actividades que el alumno debe realizar para
activar todas sus capacidades, habilidades cognitivas, conocimientos y técnicas
que le permitan asimilar y aplicar sus saberes en situaciones complejas y en la
vida misma. Esta es la plataforma de entrenamiento con la que se adiestra para
la evaluación eficaz.
El alumno ha ensayado
cualquier forma de problema que pudiera presentarse. Pero el reto más grave
está en el enfoque interdisciplinar de los contenidos y en el trabajo en equipo
de los docentes, para que, a través de cada una de las disciplinas, puedan
cristalizar esas experiencias de aprendizaje en el alumno y ayudar a construir
una mente científica, capaz de adaptarse a cualquier nivel de complejidad y de
abstracción.
La evaluación debe
ceñirse a unos principios pedagógicos, que constituyen el marco en el que
se desarrollan los procesos de enseñanza-aprendizaje, para que el control de
los mismos se ajuste a lo que previamente hemos practicado. Aunque aludamos de
pasada a los principios pedagógicos que constituyen el sistema de creencias de
cada profesor, es imprescindible ahondar en estos aspectos, ya que son el
fundamento de nuestras teorías implícitas: aquellas formas de creer, sentir,
valorar, que nos dan seguridad y que orientan nuestras relaciones e
interacciones con los alumnos y que constituyen la causa de las resistencias al
cambio de los profesores.
Esos principios -que
responderían a las tres preguntas esenciales: quién, cómo y para qué-, nos
definen como educadores, respecto de la forma de acoger, comprender, valorar y
de relacionarnos con los alumnos (antropología); nos orientan en las
expectativas que tenemos para lograr unas metas o fines educativos últimos, qué
tipo de persona queremos formar: autónomo, libre, crítico... (teleología) y
definen la forma de organizar la disciplina, los niveles de exigencia, el
trabajo, la misma evaluación, valoración del trabajo, etc. (pedagogía). En
resumen, podríamos concluir que tal como sea la pedagogía y el método en clase,
así será la evaluación a ejecutar. La evaluación, por tanto, viene determinada
por el proceso y el estilo didáctico que cada profesor utiliza en el aula. Este
es el punto clave que debe iluminar, tanto los criterios, como los
instrumentos, ámbitos y modalidades de la evaluación. Veamos cuáles son los
ámbitos principales de análisis de la evaluación.
2. LOS CRITERIOS DE
EVALUACIÓN
Los distintos enfoques
que rigen la evaluación deben estar relacionados con las competencias
específicas, según la concreción de las mismas, los indicadores que hayamos
determinado de progreso, los niveles de complejidad y de abstracción, las
estrategias de aprendizaje y las modalidades de presentación, tanto de los
contenidos como de las actividades. Los criterios sintetizan todas las posibles
modalidades de evaluación que podamos usar. Nos referimos especialmente a los
ejemplos que se dan en las pruebas de la OCDE: PISA, donde los ejercicios tienen
diversas modalidades de presentación (descriptiva, gráfica, estadística,
simbólica, pictórica, numérica, etc.), pero que va elevando su nivel de
complejidad y abstracción (por el creciente número de datos o variables
manejadas y por las capacidades y operaciones mentales -habilidades cognitivas-
que exige su ejecución).
Por tanto, estos
criterios responden a unos patrones de conducta, a un estilo didáctico y
metodológico, que constituyen el modus operandi - procesos de
enseñanza-aprendizaje que los educandos pondrán en práctica en cada disciplina.
Los criterios dimanan, sin género de duda, de la didáctica de cada disciplina,
y ésta de los principios pedagógicos y didácticos. Si el alumno es el centro
del aula y si prevalecen los objetivos de lograr el desarrollo integral de la
persona, antes que el exclusivo conocimiento de la materia, no
podemos olvidarlos a la hora de jerarquizar los criterios evaluativos:
competenciales, cognitivos, culturales, didácticos, instrumentales, sociales,
creativos, etc. ¿Cómo evaluar algo que previamente no haya sido objeto de
aprendizaje y de entrenamiento reiterado en el aula?
3.- FORMAS DE
EVALUACIÓN:
Evaluar competencias
exige romper esquemas de aula. Conocemos diversos tipos de evaluación:
Cualitativa y cuantitativa-estática y dinámica-procesual, de diagnóstico,
acumulativa... Es evidente que, si todos los aprendizajes implican procesos muy
diversos, la evaluación debe poder incluirlos pasos del método, localizarlos
microcambios que se producen a través de esos mismos procesos. Aquí entra en juego
la capacidad analítica del profesor, del mediador o del experto, pues en estos
minuciosos detalles se pondrá de manifiesto el conocimiento específico del
alumno. En cualquier caso, las diversas formas de evaluación deberían
combinarse e intercambiarse, para conseguir un diagnóstico acertado que
fundamente la posterior toma de decisiones.
a.-La
Evaluación cuantitativa se expresa en datos numéricos, medibles y
susceptibles de representación gráfica, ascendente o descendente, con las
desviaciones pertinentes en su evolución. En la aplicación del método
científico deberemos ceñirnos a la utilización rigurosa de los datos numéricos,
con toda clase de estadísticos.
Siendo la más usada
fórmula, precisa del complemento de otros datos cualitativos para una auténtica
orientación y calificación.
b.-
La Evaluación cualitativa está sujeta a instrumentos y formas de
observación sistemática y de búsqueda de la información, detectando los cambios
y las variables de todo tipo que intervienen en los procesos cognitivos,
motivacionales, sociales, etc. Al tratarse de evaluaciones de perfiles de
personalidad, carácter, intereses, etc. tienen que ajustarse a unos baremos,
previamente valorados y con consistencia interna en las pruebas experimentales.
No vale cualquier instrumento ni cualquier cuestionario improvisado a nuestro
antojo. Es conveniente poder contrastar los resultados, por la utilización de
diversos instrumentos de recogida de la información validados en psicometría.
c.-La
Evaluación estática, entendida como ejecución de un test o
prueba aptitudinal o de conocimientos concretos, es aquella que compara a un
sujeto con una población estándar, lo sitúa en el percentil de una muestra
significativa o universal. Si tenemos en una prueba de conocimientos un
percentil de 75, significa que por encima de nosotros hay 25 y por debajo
se sitúan 74. Es lógico que con el tratamiento estadístico podríamos conocer la
media, mediana, desviación tipo, como datos básicos para saber la concentración
o dispersión de los datos.
d. -La
Evaluación dinámica alude a una forma de evaluación de
procesos, donde interviene la función del psicólogo o del experto mediador,
para detectar los microcambios del alumno. No pretende tanto hallar el techo de
conocimientos al que puede llegar el examinado, como conocer su disposición,
dificultad para aprender, su plasticidad o resistencia a integrar las
mediaciones. Tiene, portanto, una orientación analítica, terapéutica y de
enfoque clínico. Se desmarca de los contenidos lógico-matemáticos, para basarse
en los prerrequisitos básicos de la madurez necesaria para aprender (Cfr. R.
Feuerstein, R. Sternberg).
e.- La
evaluación de diagnóstico. La evaluación no debe contentarse con la
realización de la tarea, sino que debe proporcionarlos medios para saber
localizar las dificultades del alumno. Conviene para eso que la actividad sea
multidisciplinar y funcional. Esta evaluación debe recorrer una serie de fases
que permitan localizar los niveles de complejidad que el alumno es capaz
de superar. Para ello es necesario conocer hasta qué límites podemos pesentar
procesos de transformación, de representación, interiorización y transfer o
aplicación de los aprendizajes a otros contextos. Volvemos a subrayar la
imprescindible necesidad de practicar este itinerario escalonado de
dificultades cada vez más complejas en las aulas, para poder hacerlos objeto de
evaluación. Pero no podremos dejar de tener en cuenta que son las habilidades
de pensamiento -operaciones mentales- las que van a marcar el ritmo de
ascensión del alumno a niveles superiores de abstracción e interioridad, que
son los primordiales basamentos de las competencias.
4. INDICADORES Y NIVELES
DE DESEMPEÑO O DE DIFICULTAD.
En cada materia o
disciplina se pueden establecer muy diversos niveles de complejidad y de
abstracción (según que hablemos de las modalidades de representación, cantidad
de variables y datos, como de los procesos interiorizados que exige una
actividad), que nos llevarían a definir retos diferentes de ejecución, como es
el caso de los problemas que se presentan en PISA. No se pueden definir al azar
los indicadores, sino que se deben ceñir a las formas concretas de ejecución de
los alumnos, baremadas, según un criterio de dificultad creciente, que
cada profesional debe distinguir. Lo mismo sucede con los niveles de
complejidad y de abstracción, inherentes a la realización de una tarea.
Es distinto pedir a un
alumno que compare dos objetos, definiendo sus características iguales o
distintas, que pedirle con qué criterios compararía dos objetivos, ya que esta
segunda pregunta es más abstracta, por implicar la inducción de un criterio o
concepto superordinado, supeditado a la capacidad del alumno para saber qué es
lo común y lo distinto entre los dos objetos dados. No podrá haber auténtico
dominio de competencias sino cuando el alumno sepa seleccionar y combinar
aquellos procedimientos y estrategias con los que consiga aplicar los
algoritmos pertinentes que le lleven a una total eficacia. El alumno debe
experimentar una capacidad creciente en el dominio de automatismos, así como en
recursos metacognitivos, que le permitan tener conciencia de cómo aprende o
porqué comete errores, y llegar a presentar de muy diversas formas los
resultados de su desempeño. Como se puede entender, estas conquistas están
condicionadas al acompañamiento y a la mediación del profesor. La didáctica
específica de cada disciplina debe aportar elementos diferenciadores en las
formas y en los criterios de evaluación.
5. Instrumentos de
Evaluación.
Pedir representar una
información, elaborar unos datos, a través las operaciones más diversas: de
gráficas, cuadros, esquemas,
diagramas, heurísticos,
etc., con toda clase de modalidades y símbolos, exige la práctica previa de las
mismas en los procesos de enseñanza-aprendizaje en el aula. La tarea docente se
juega en la interacción en el aula, en todas sus facetas de trabajo personal,
grupal y dirigido o mediado, entendiendo que toda interacción mediada es
especialmente adaptativa, creativa y provocadora. Por esta razón, abogamos por
la atención a los procesos que se ponen en juego en la programación de las
actividades que tiene que realizar el alumno. Éste es el rol que esencialmente
le compete al docente, como experto en su disciplina y como conocedor de las
dificultades de los educandos, para adaptar, orientar, provocar conflictos y
cuestiones que desafíen el avance de los alumnos, con relación a sus capacidades
y a sus conocimientos previos.
No debemos usurpar al
educando el derecho a su propio autocuestionamiento, para saber revisar y
comprobar la reversibilidad de un proceso, como prueba del éxito y para
acrecentar su motivación intrínseca. El docente sabe que una síntesis, un
cuadro o un simple mapa conceptual, puede aportar plena luz sobre todo un campo
de desempeños, por la estructura que contenga y la jerarquía de sus
pensamientos ordenados, conforme a unos criterios científicos. La
generalización, la elaboración de conclusiones y la extrapolación a otros
ámbitos, son las formas mejores para conocer el grado de asimilación, el
insight de los conocimientos -su comprensión y significatividad- y de las
competencias. Pero el docente no se debe dejar llevar a engaño, pues el
transfer -la aplicación a otras disciplinas y a otros contextos, de lo
aprendido -el salto mortal del aprendizaje-no se da de forma automática, sino
que es el resultado de un aprendizaje mediado, lento, específico y practicado en
todas las disciplinas.
6.VALOR DE LA
EVALUACIÓN.
A la hora de juzgar la
pertinencia de una evaluación, necesitamos contar con la relevancia de las
cuestiones, con relación a los contenidos de la disciplina, las actividades
propuestas, sus diversos niveles de ejecución (complejidad, abstracción y
eficacia) y los criterios con los que vamos a enjuiciar y valorarlos datos
conseguidos. Siempre una evaluación es un punto de partida para conocer en cada
momento la situación y los logros del alumno, pero importa tener en cuenta las
diversas variables que acompañan a la recogida de datos, para tener una visión
integral que nos permitan un juicio certero, que fundamente toda orientación y
decisión. Las diversas miradas de un equipo darán siempre mayor objetividad y
garantía de acierto a una evaluación.
7. TOMA DE DECISIONES.
La evaluación
diagnosticadora debe orientarse a la toma de decisiones sobre cada uno de los
ámbitos del contexto de aprendizaje. Aunque cada docente tiene el derecho de
juzgar y valorar a sus alumnos, no debería olvidar que todo diagnóstico precisa
un amplio control de variables, que en el contexto escolar aluden a la
educación como tarea de equipo. Si, además, el trabajo escolar tiene un
enfoque interdisciplinar, éste nos ayudará a razonar y justificar nuestras
decisiones en el ámbito personal, cognitivo, social., para que sean coherentes
y tiendan a un óptimo resultado.
8. ¿UN MODELO DE
EVALUACIÓN POR COMPETENCIA?
Lejos de proponer una
simplificación o receta, nos remitimos a nuestra propuesta metodológica de 10
parámetros, para, a partir de ella, seguir los pasos que marcan un itinerario
de evaluación completa, dando cada uno de ellos pistas para formular
actividades, cuestiones y criterios de valoración, siempre adaptados a cada
disciplina y al nivel que corresponda de conocimientos y maduración de los
alumnos.
Es evidente que todo
modelo evaluativo se deriva de un constructo teórico y estilo de enseñanza.
Nuestra propuesta encierra la terminología de los procesos de la Pedagogía de
la Mediación, que hemos desarrollado en otros estudios y que aquí se resumen.
Los criterios de la evaluación deben deducirse de nuestra metodología -de los
procesos de enseñanza-aprendizaje que dinamizan la vida del aula (Anexo).
9. CONCLUSIÓN.
Educar hoy exige profesionalización
y trabajo en equipo. Educar es una gran aventura, pues el marco de una sociedad
de riesgo (Beck), una sociedad incierta (Hargreaves), cambiante, competitiva,
globalizada, necesita brújulas que orienten nuestros pasos en la sociedad
del conocimiento y del cambio continuo (Delors).
La evaluación se orienta
a conocer qué resultados aporta la educación, -sin olvidar el alcance utópico
que tiene todo el factor humano- qué es lo más sustancial y enriquecedor que
puede aportar la escuela a los educandos. El logro de objetivos nos guía hacia
el realismo pragmático, pero enmarcado en la utopía que plantea la educación de
la persona: Formar ciudadanos responsables y comprometidos; personas autónomas,
libres y felices; comprender el sentido de la existencia; aprender a aprender y
a pensar (la verdadera metacompetencia); adquirir el conocimiento que le
permita seguir aprendiendo por sí mismo alo largo de toda la vida... Saber si
hemos conseguido estas metas y otras muchas competencias, esa es la labor de
control y diagnóstico de la evaluación. O como ha escrito Claxton: " La
primera función de la educación en un mundo incierto deberá ser dotar a la
juventud de la competencia y confianza en sí misma, necesarias para afrontar
bien la incertidumbre; en otras palabras, ser buenos aprendices".
La evaluación por
competencias exige cambios en la mentalidad y, sobre todo, en la praxis
didáctica de los docentes. Las competencias nos obligan a un trabajo en equipo,
dentro de un enfoque multidisciplinar, poniendo de relieve el saber hacer de
los alumnos, en niveles crecientes de interiorización, complejidad y de
abstracción, hacia una mayor calidad de la formación en valores de los
educandos.
La novedad de este
cambio hacia la enseñanza y evaluación por competencias, marca un reto a los
docentes que, a pesar del abandono formativo del propio sistema educativo, sólo
podrá solucionarse por medio de una cuidada formación permanente y en el
esfuerzo de renovarla metodología en las aulas.
TIPOS
DE EVALUACION
1-Evaluación diagnóstica
o pre-evaluación
Antes de crear la instrucción, es
necesario saber para qué tipo de estudiantes estás creando la instrucción. Tu
objetivo es conocer las fortalezas y debilidades de tus estudiantes y las
habilidades y conocimiento que poseen antes de recibir la instrucción. Basado
en la información que recolectes, puedes crear tu instrucción.
2-Evaluación
formativa
La evaluación formativa es usada en
el primer intento de desarrollar la instrucción. El objetivo es monitorear el
aprendizaje del estudiante para proporcionar retroalimentación. Ayuda a
identificar las primeras brechas en tu instrucción. Basado en esta retroalimentación,
sabrás en dónde enfocarte para obtener más expansión de tu instrucción.
3-Evaluación
sumativa
La evaluación sumativa apunta a
valorar el alcance al cual han llegado los resultados más importantes al
final de la instrucción. Pero mide más: la efectividad del aprendizaje, las
reacciones acerca de la instrucción y los beneficios de una base a largo plazo.
Los beneficios a largo plazo pueden ser determinados por los siguientes
estudiantes que asisten a tu curso o prueba. Puedes ver si y cómo usan el
conocimiento aprendido, habilidades y actitudes.
Evaluación
Confirmativa
Cuando tu instrucción ha sido
implementada en tu aula, es aun necesario tomar una evaluación. Tu objetivo con
las evaluaciones confirmativas es averiguar si la instrucción todavía es
exitosa luego de un año, por ejemplo, y si la manera en la que estás enseñando
todavía es apropiada. Podrías decir que una evaluación confirmativa es una
extensión de una evaluación sumativa.
Evaluación
referenciada en la norma
Esto compara el rendimiento de un
estudiante con el del aula promedio. Esto podría ser la norma promedio nacional
para la materia Historia, por ejemplo. Otro ejemplo es cuando el docente
compara la calificación promedio de sus estudiantes con la calificación
promedio de toda la escuela.
Evaluación
referenciada en el criterio
Mide los rendimientos del estudiante
con un grupo establecido de criterios predeterminados o estándares de
aprendizaje. Chequea lo que se espera que sepan los estudiantes y sean capaces
de hacer en una etapa específica de su educación. Las pruebas referenciadas en
el criterio son usadas para evaluar un cuerpo de conocimiento específico o un
grupo de habilidades, es una prueba para evaluar el currículum enseñado en un
curso.
Evaluación
ipsativa
Mide el rendimiento de un estudiante
con los rendimientos previos de ese estudiante. Con este método estás
intentando mejorarte a ti mism@ al comparar resultados previos. No estás
comparándote con otros estudiantes, lo cual puede no ser tan bueno para la
confianza en ti mismo.
Las evaluaciones
según el acto.
Como
la misma palabra indica, hay una autoevaluación cuando el propio alumno se califica
a sí mismo. Esta estrategia resulta eficaz en aquellos casos en los que hay
alumnos con necesidades específicas o cuando el docente intenta fomentar la
responsabilidad de los estudiantes. Si un alumno se autocalifica negativamente,
esto quiere decir que reconoce que su esfuerzo y dedicación es insuficiente y,
por lo tanto, esta forma de evaluación puede ser útil para fomentar la
motivación.
En la coevaluación el proceso de aprendizaje de
un alumno es valorado por el resto de sus compañeros de aula. En otras
palabras, los compañeros de estudio adoptan el rol del docente y juzgan el
aprendizaje y la actitud de otro estudiante. Esta forma de medición tiene
aspectos muy positivos: favorece el sentido de responsabilidad, enriquece las
relaciones interpersonales y mejora el trabajo en equipo.
Por
último, la evaluación tradicional en la que un docente valora unos
conocimientos y habilidades de sus alumnos se conoce como heteroevaluación. Este criterio es el más extendido en el proceso de enseñanza y
aprendizaje.
Escuelas sin exámenes.
En la mayoría de sistemas educativos
hay un criterio general: el aprendizaje de los alumnos debe ser evaluado, ya
sea con un sistema o con otro. Esta fórmula de concebir la enseñanza no es la
única, ya que algunos centros educativos evitan las calificaciones
tradicionales porque se entiende que esta pauta genera estrés y frustración
entre los alumnos.
Hay
corrientes pedagógicas alternativas que proponen una escuela sin exámenes. Esto
no quiere decir que no haya una evaluación, sino que no hay que confundir
evaluación con exámenes. Con este tipo de planteamiento el docente adopta un
rol menos autoritario y los alumnos interactúan de manera más proactiva.
Las escuelas Waldorf
implantadas en todo el mundo siguen un modelo en esta línea, ya que en sus
aulas se hace hincapié en los aspectos emocionales, en la creatividad de los
niños y en fomentar la curiosidad.
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Zabala, A. y Arnau, L.
(2007) Cómo aprender y enseñar competencias. Barcelona:
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ANEXOs
PRÁCTICAS DE LA MEDIACIÓN PARA LA EVALUACIÓN DEL APRENDIZAJE



CONTINUACIÓN


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