MOTIVACION Y APRENDIZAJE SIGNIFICATIVO
LIC. FREDY ANTONIO OROZCO MANZANARES
UNIDAD I. COMPRENDIENDO
LA MOTIVACIÓN
¿Qué ideas tenemos sobre
la motivación?
Concepto de Motivación
Estimo
que, independientemente del enfoque que se adopte en la investigación
psicológica, tarde o temprano hay que formularse la pregunta ¿por qué ocurre la
conducta? La acción, o la conducta, no ocurren de forma espontánea, ya que son
inducidas, bien por motivos internos, bien por incentivos ambientales
La
Motivación tiene que ver con las razones que subyacen a una conducta. Tales
razones, como señala Wong (2000), pueden ser analizadas al menos en dos
niveles: por una parte, preguntando por qué un individuo exhibe ciertas
manifestaciones conductuales; por otra parte, preguntando cómo se llevan a cabo
tales manifestaciones conductuales
La
explicación de la conducta en términos de los mecanismos motivacionales
referidos al porqué tiene que ver con la causa última, mientras que la
explicación en términos referidos al cómo tiene que ver con la causa próxima.
Es un aspecto de interés, ya que el porqué de una conducta, esto es, la
motivación, ha de tener connotaciones funcionales y adaptativas: tiene que
haber buenas razones para la ocurrencia de esa conducta del modo en el que se
produce y en las situaciones en las que ocurre (Alcock, 1998).
Así
pues, el porqué de una conducta hace referencia directa al concepto de
Motivación. Recientemente, Beck (2000) ha matizado las características del
concepto de motivación, enfatizando que no sólo hay que explicar por qué se
produce una conducta, sino que también hay que tratar de explicar la importante
variabilidad conductual observable en cualquier ser vivo. El concepto de
variabilidad hace referencia, al menos, a dos posibilidades. Por una parte,
aquella referida a la amplia gama de manifestaciones conductuales cuando el
abanico de posibles situaciones estimulares es amplio. Por otra parte, y de
forma más restrictiva, cuando nos centramos en una y la misma situación
estimular.
En
esta segunda posibilidad, el concepto de variabilidad es más específico,
haciendo referencia, por una parte, a las diferentes manifestaciones
conductuales mostradas por dos personas ante una misma situación estimular, y,
por otra parte, a las diferentes manifestaciones conductuales mostradas por una
misma persona ante una misma situación estimular en dos momentos diferentes. En
cualquiera de los casos, parece claro que existe una premisa motivacional
básica en la conducta de cualquier organismo: el hedonismo psicológico. Desde
un razonamiento de este tipo, y siempre argumentando en sentido general, se
puede entender la tendencia a aproximarse a lo que producirá consecuencias
gratificantes y la tendencia a evitar lo que producirá consecuencias
desagradables
En
el importante desarrollo y diversificación de los trabajos en Psicología de la
Motivación, se distinguen dos grandes momentos: antes y después de la obra de
Darwin en 1859, o, lo que es lo mismo, etapa precientífica y etapa científica.
Estos hechos dificultan considerablemente una conceptualización generalmente
aceptada de “Motivación”, ya que, por una parte, en la etapa científica se
siguen utilizando términos precientíficos, y, por otra parte, la influencia de
Darwin se refleja en diversas corrientes, cada una de ellas empleando una
terminología particular. Durante la etapa precientífica, la Motivación se
reducía a la actividad voluntaria, mientras que, en la etapa científica, hablar
de Motivación implica referirse a instintos, tendencias e impulsos, que
proporcionan la energía necesaria; pero, además, hay también claras referencias
a las actividades cognitivas, que dirigen la conducta hacia determinadas metas.
Por tanto, el concepto de Motivación en la actualidad debe considerar la
coordinación del sujeto para activar y dirigir sus conductas hacia metas.
Una
dificultad añadida tiene que ver con la gran cantidad de necesidades descritas
por los distintos autores. Al respecto, Madsen (1980) agrupaba las necesidades
en dos categorías: motivos primarios y motivos secundarios. Los motivos
primarios, innatos y biogénicos, son motivaciones (necesidades) centrales que,
desde el nacimiento, están funcionalmente relacionadas con la subsistencia del
individuo y de la especie.
Motivos
secundarios, adquiridos y psicogénicos, son motivaciones (necesidades)
centrales que, después de un proceso de aprendizaje, están relacionadas con el
crecimiento general del sujeto. Esta diferenciación es esencial para entender
la Psicología de la Motivación en toda su extensión, ya que, si bien es cierto
que los motivos primarios son comunes a todas las especies, los motivos
secundarios, aunque también presentes en muchas de las especies inferiores,
parecen ser patrimonio fundamental de la especie humana.
En
última instancia, y de forma general, el término “Motivación” es un concepto
que usamos cuando queremos describir las fuerzas que actúan sobre, o dentro de,
un organismo, para iniciar y dirigir la conducta de éste. Es decir, son fuerzas
que permiten la ejecución de conductas destinadas a modificar o mantener el
curso de la vida de un organismo, mediante la obtención de objetivos que
incrementan la probabilidad de supervivencia, tanto en el plano biológico,
cuanto en el plano social.
Además,
como señala Petri (1991), también se puede utilizar el término “Motivación”
para explicar y entender las diferencias en la intensidad de la conducta. Es
decir, las conductas más intensas pueden ser consideradas como el resultado de
los más elevados niveles de motivación. Igualmente, el término “Motivación”
puede usarse para indicar la dirección selectiva de una conducta. Pero, la
motivación es una variable intangible. Inferimos su presencia a partir de
ciertas manifestaciones mostradas por un individuo. Si bien durante mucho
tiempo la Motivación era considerada como un proceso interno, ubicado en la
variable “O” del esquema S-O-R propuesto por Woodworth (1918), las importantes
aportaciones de autores como Tolman (1932) y Hull (1943, 1951), permiten que se
hable de variable interviniente. Por lo tanto, no es sorprendente que en el
análisis de la motivación, o del proceso motivacional, haya que basarse en el
estudio de la conducta motivada. Los patrones de conducta motivada son el
producto de la interacción entre un organismo y su ambiente. Se puede decir que
el término Motivación se refiere a un proceso interno que impulsa al individuo,
y este impulso, a su vez, se relaciona con algún evento interno o externo.
En este marco de referencia, es pertinente
señalar que la Motivación posee aspectos biológicos y culturales de los que es
difícil prescindir. Así, muchos de los desafíos adaptativos a los que se
enfrenta el ser humano tienen connotaciones sociales, pues es la sociedad, con
el tinte cultural que en ella predomina, la que va imponiendo ciertas
peculiaridades que orientan las necesidades biológicas y las necesidades
psicológicas en un determinado sentido. La finalidad es tratar de relacionar de
forma coherente y adaptativa el medio ambiente interno y el medio ambiente
externo de un determinado individuo. Las metas dirigen al individuo,
dependiendo de las condiciones del estímulo, y la motivación moviliza las
acciones pertinentes.
El
tema de la interacción entre los aspectos biológicos y culturales ha llevado a
que algunos autores (Munro, 1997) sugieran que es la perspectiva más atractiva
en el ámbito de la Nueva Etología. En efecto, dice el autor que, desde la
orientación psicológica, el estudio de la Motivación se ha llevado a cabo desde
las perspectivas biológicas, conductual o cognitivista.
Desde
cualquiera de dichas perspectivas se ha asumido que la orientación más
científica es aquella que se fundamenta en parámetros biológicos; esto es,
aquella que trata de entender la conducta motivada de un individuo, desde la
perspectiva de las necesidades que el organismo requiere satisfacer para
sobrevivir. En el otro extremo del hipotético continuo, sigue argumentando
Munro, se encuentra la orientación cultural, aquella que propone la
imposibilidad de entender la conducta motivada del ser humano sin recurrir a
las variables sociales, y fundamentalmente a las variables culturales: la
motivación es el resultado de las influencias culturales. En esta segunda
perspectiva, el individuo como tal no es importante, ya que lo que cuenta es el
grupo en su conjunto, con sus influencias ineludibles sobre todos y cada uno de
los miembros que lo conforman.
Factores que determinan la motivación
Las
fuentes de la Motivación se refieren al origen de los estímulos que hacen que
un individuo se active. Hay algunos aspectos interesantes que aparecen cuando
tratamos de localizar dichos desencadenantes. Por ejemplo, ¿el ser humano
actual se siente motivado por los mismos estímulos que motivaron a los
antepasados?, ¿existe alguna diferencia motivacional cuando consideramos la
variable sexo? Son cuestiones que, siguiendo las formulaciones recientes de
Buss (1996, 1999), permiten entender en su justa dimensión el valor adaptativo
de ciertos motivos primarios. Las fuentes de la Motivación varían a lo largo de
dos ejes: el interno-externo y el psicológico-neurofisiológico.
De
forma reducida, podemos decir que existen fuentes internas y fuentes
ambientales. Algunos estímulos
ambientales pueden provocar una respuesta involuntaria en un individuo,
apreciándose que la intensidad de la respuesta es proporcional a la intensidad
del estímulo. En estos casos, la medida en la que un individuo es activado
representa la medida en la que se siente motivado (Deckers, 2001).
La
conducta involuntaria muestra una relación uniforme con los estímulos externos.
En cambio, por lo que respecta a la conducta voluntaria, puede ocurrir de forma
inmediata tras la aparición de un estímulo externo o ambiental, o, por el
contrario, cabe la posibilidad de que ocurra después de un determinado tiempo,
que puede ser más o menos dilatado.
También se puede producir la conducta motivada en un individuo como
consecuencia de algunos estímulos internos, que adquieren connotaciones
psicológicas, tales como los impulsos, las necesidades, los deseos.
No
obstante, también en este caso se podría sugerir que son las propias
influencias ambientales las que, con el paso del tiempo, van configurando el
abanico de estímulos (objetivos) hacia los que un individuo dirigirá sus
esfuerzos de consecución, porque tales objetivos son los que el individuo en cuestión
considera importantes para satisfacer su necesidad, impulso o deseo. Dentro de
los estímulos internos, además, las variables neurofisiológicas, biológicas en
general, también pueden dar lugar a la conducta motivada. De forma concreta,
podemos apreciar cómo la deficiencia o disminución del nivel en alguna variable
necesaria para el funcionamiento del organismo desencadena un proceso que tiene
como objetivo avisar al individuo para que éste “sepa” que tiene que llevar a
cabo alguna actividad que restaure el equilibrio en esa variable.
Como
consecuencia de ese aviso, que el individuo suele experimentar como un cierto
malestar típico, es muy probable que se inicie la conducta motivada dirigida a
suprimir el malestar y a recuperar el equilibrio o el nivel de dicha variable.
Por lo que respecta a las fuentes internas, cabe hablar de la historia
genética, la historia personal y las variables psicológicas. En cuanto a la
historia genética, se refiere a los efectos que ha ido ejerciendo el proceso de
la Evolución sobre la especie humana. La selección natural puede haber
favorecido la existencia y mantenimiento de ciertos motivos básicos que se
encuentran íntimamente relacionados con la supervivencia; tal es el caso de la
conducta de evitación activa o de alejamiento ante la presencia de algunos
animales, como las serpientes.
Algo
parecido, aunque ahora en sentido contrario, ocurre con otras manifestaciones,
como la sonrisa. De hecho, la sonrisa es una conducta que aparece en los
primeros momentos de la vida extrauterina, teniendo la función de flexibilizar
la interacción del ser humano con su medio ambiente externo (Weisfeld, 1993).
Como consecuencia, tales motivos incrementan su frecuencia entre los individuos
de la especie. En cuanto a la historia personal, se refiere a la experiencia
que arrastra un individuo desde el nacimiento.
Dichas
experiencias van configurando el bagaje de los eventos que estimulan y motivan
a un individuo, de los incentivos que atraen a ese individuo, y de las
conductas mediante las que puede alcanzar dichos incentivos. De hecho, los
juicios referidos a lo que es placentero y grato, así como a lo que es
displacentero y no grato, se basan en la experiencia que ha tenido un individuo
en situaciones similares.
Consiguientemente,
a partir de esos juicios, el individuo se sentirá motivado para aproximarse a,
o para alejarse de, un determinado evento, según sean esos juicios basados en
su propia experiencia. Creemos que el ámbito de la particularidad subjetiva de
cada individuo no es un tema menor, pues, en cierta medida, nos permite
entender las propias inclinaciones, tendencias, deseos y metas que se propone
cada individuo en un momento dado. Uno de los ámbitos en los que se ha podido
constatar la existencia de tales “sesgos” personales en el plano motivacional
tiene que ver con las opiniones de los individuos acerca de la atracción de las
caras humanas.
Así,
en un trabajo realizado por Langlois, Roggman y Musselman (1994), se pudo
apreciar que los individuos participantes respondían diciendo que la cara más
atractiva era aquella que reflejaba una cara promedio, la cual fue configurada
a partir de la combinación de muchas imágenes de caras escaneadas. Dicha imagen
reflejaba a un individuo con unos labios definidos, con una nariz concreta, con
los ojos equidistantes y algo separados del tabique nasal, etc. No obstante, a
partir de la revisión que han realizado Berscheid y Reis (1998), parece ponerse
de relieve que, dependiendo de la experiencia de cada individuo en la
visualización de caras atractivas, así es la valoración que realizan dichos
individuos respecto al potencial atractivo de la cara de otra persona.
Esto
es, en buena medida, los juicios valorativos acerca de la atracción dependen de
lo que un individuo particular conoce. En cuanto a las variables psicológicas,
representan el hecho incontrovertible de que los seres humanos somos diferentes
y únicos. Poseemos nuestra propia individualidad que nos hace peculiares.
También en el plano motivacional se aprecia dicha especificidad, ya que cada
uno de nosotros nos sentimos atraídos o motivados por ciertos estímulos, que no
tienen por qué coincidir con los que atraen a nadie más.
El
ser humano tiene la capacidad para buscar, incluso para crear, un ambiente
particular que permita satisfacer dichas necesidades psicológicas, entre las
que se encuentran la de logro, la de poder, la de ayuda. Por lo que respecta a
las fuentes ambientales, se refieren a los distintos estímulos que, desde fuera
del individuo, ejercen su influencia sobre éste. Son los incentivos,
considerados como estímulos que motivan la conducta. La cantidad de incentivo,
la cualidad específica del que ha ido ejerciendo el proceso de la Evolución
sobre la especie humana.
La
selección natural puede haber favorecido la existencia y mantenimiento de
ciertos motivos básicos que se encuentran íntimamente relacionados con la
supervivencia; tal es el caso de la conducta de evitación activa o de alejamiento
ante la presencia de algunos animales, como las serpientes. Algo parecido,
aunque ahora en sentido contrario, ocurre con otras manifestaciones, como la
sonrisa. De hecho, la sonrisa es una conducta que aparece en los primeros
momentos de la vida extrauterina, teniendo la función de flexibilizar la
interacción del ser humano con su medio ambiente externo (Weisfeld, 1993).
Como
consecuencia, tales motivos incrementan su frecuencia entre los individuos de
la especie. En cuanto a la historia personal, se refiere a la experiencia que
arrastra un individuo desde el nacimiento. Dichas experiencias van configurando
el bagaje de los eventos que estimulan y motivan a un individuo, de los
incentivos que atraen a ese individuo, y de las conductas mediante las que
puede alcanzar dichos incentivos.
De
hecho, los juicios referidos a lo que es placentero y grato, así como a lo que
es displacentero y no grato, se basan en la experiencia que ha tenido un
individuo en situaciones similares. Consiguientemente, a partir de esos
juicios, el individuo se sentirá motivado para aproximarse a, o para alejarse
de, un determinado evento, según sean esos juicios basados en su propia
experiencia.
Creemos
que el ámbito de la particularidad subjetiva de cada individuo no es un tema
menor, pues, en cierta medida, nos permite entender las propias inclinaciones,
tendencias, deseos y metas que se propone cada individuo en un momento dado8.
Uno de los ámbitos en los que se ha podido constatar la existencia de tales
“sesgos” personales en el plano motivacional tiene que ver con las opiniones de
los individuos acerca de la atracción de las caras humanas.
Características de la motivación
La
Motivación se refiere a un proceso dinámico interno. En cualquier momento, como
proceso que es, puede implicar cambio o variabilidad. Dreikurs (2000) se
refiere a la Motivación proponiendo que, cuando es descrita como un proceso
dinámico momentáneo, nos referimos a un estado motivacional, pero, cuando nos
referimos a una predisposición referida a las tendencias de acción, estamos
hablando de rasgo motivacional. Mientras el estudio de las disposiciones
motivacionales enfatiza las diferencias ínter individuales, el estudio de los
estados motivacionales enfatiza las diferencias en la dinámica momentánea de la
acción.
En
un sentido muy parecido, Deckers (2001) propone que, para estudiar la
Motivación, es necesario tener en cuenta los cambios en los estados internos y
en la conducta abierta de los individuos.
Esta
variabilidad hace referencia a tres ámbitos o posibilidades: (1) la
consideración del cambio entre circunstancias -variación momentánea y situacional
en un individuo determinado, que permite localizar en qué medida un objetivo
atrae a ese individuo-, (2) la consideración del cambio entre distintos
individuos de la misma especie -variación ínter individual intra-específica,
que permite localizar diferencias individuales-, (3) la consideración del
cambio entre individuos de distinta especie (que permite localizar la eventual
existencia de patrones de conducta específicos de cada especie).
En
última instancia, la variación o variabilidad motivacional es evidente en dos
posibles formas, a saber: en términos de cantidad o intensidad y en términos de
cualidad o tipo. Por lo que respecta a la variabilidad en intensidad, implica
un cambio -en forma de incremento o decremento- en la movilización de energía,
así como en la cantidad de esfuerzo que se dedica para la acción. Es decir, la
intensidad se refiere a cuán robusta o débil es la motivación. Por lo que
respecta a la variabilidad en cualidad, implica una selección de la dirección
para la ejecución de la acción, permitiendo establecer de qué modo específico,
o hacia qué meta concreta, se dirige la acción.
Es
decir, la cualidad se refiere al tipo de motivación. El aspecto relacionado con la intensidad de
la Motivación, esto es, el factor energético, puede variar desde la letargia
extrema hasta la máxima alerta y responsabilidad. Ha habido distintas
denominaciones para referirse a este factor que proporciona la energía. Entre
ellas destacan las de arousal (Revelle, Anderson y Humphreys, 1987; Anderson, 1990)
y activación (Malmo, 1959; Thayer, 1989). Actualmente, y de forma genérica, se
habla de activación.
En
este marco de referencia, otra forma de referirse a este factor energético que
proporciona la intensidad de la Motivación ha consistido en la utilización del
tiempo que se invierte en la movilización de la energía en la conducta
motivada. Así, se ha propuesto la existencia de una dimensión física y de una
dimensión tónica. Por lo que respecta a la dimensión física, hace referencia a
reacciones o excitaciones breves, asociadas a un estímulo u objetivo que, por
alguna circunstancia, es significativo para ese individuo. Por lo que respecta
a la dimensión tónica, hace referencia a respuestas o excitaciones provocadas
por un estímulo u objetivo, el cual, en este caso, posee mucha relevancia, o
exige mucha dedicación al individuo, produciendo un nivel sostenido en la
respuesta o excitación (Palmero y Chóliz, 1991).
El
aspecto relacionado con la dirección de la Motivación no tiene connotaciones
cuantitativas sino de cualidad de las acciones y las conductas. El aspecto
direccional de la motivación se refiere a la variación referida a los tipos de
metas o antecedentes a los que responde
un organismo; esto es, tiene que ver con la selección de objetivos. Así pues,
parece evidente que, prácticamente, todos los autores que investigan aspectos
relacionados con la conducta se plantean preguntas acerca del porqué de la
conducta; en la medida en la que gran parte de ellos intentan responder,
incrementan considerablemente el número de aspectos y características de la
motivación.
Sin
embargo, como señalan algunos autores (Kleinginna y Kleinginna, 1981;
Mankeliunas, 1987; Heckhausen, 1991; Petri, 1991; Franken, 1998; Edwards, 1999;
Beck, 2000), implícita o explícitamente, algunas características esenciales
parecen ser común denominador en prácticamente todas las definiciones
propuestas. Tales características se refieren a la activación y la dirección.
La ansiedad
La
ansiedad es una experiencia emocional que todos estamos familiarizados con
ella, pero no por eso fácil de definir. La ansiedad es un fenómeno normal que
lleva al conocimiento del propio ser, que moviliza las operaciones defensivas
del organismo, es base para el aprendizaje, estimula el desarrollo de la personalidad,
motiva el logro de metas y contribuye a mantener un elevado nivel de trabajo y
conducta. En exceso, la ansiedad es nociva, maladaptativa, compromete la
eficacia y conduce a las enfermedades.
Ansiedad
y angustia de acuerdo a las raíces lingüísticas y a su uso idiomático tienen un
mismo significado: Ansiedad se deriva del latín "anxietas", que
significa "estado de agitación, inquietud o zozobra del ánimo" y
angustia procede del latín "angustia", "angor", que incluye
significados como "Angostura, dificultad, aflicción, congoja, temor
opresivo sin causa precisa, estrechez del lugar o del tiempo (Diccionario de la
Real Academia)”.
Estrés
y ansiedad. En relación a estrés, debemos saber que “stress” es una palabra inglesa que significa
carga y
“strain” tensión o esfuerzo. Selye, por no tener un buen conocimiento
del inglés tomó equivocadamente la palabra “stress” en lugar de “strain” para
designar la reacción fisiológica de un organismo ante cualquier demanda. Cuando
quiso rectificar ya el vocablo “stress” se había impuesto y tuvo que acuñar el
neologismo "stressor" para designar en el léxico medico el factor
demanda o amenaza. Selye definió el
estrés como la respuesta del organismo a contrarrestar o prevenir las amenazas,
es decir, a conseguir la homeostasis; mientras Lazarus, la consideró como
factor de riesgo al conceptualizarla como “las exigencias impuestas a un
individuo que agotan o rebasan la capacidad de adaptación”.
En
el estrés es indispensable un estresor (demanda, amenaza) y en la ansiedad no.
La ansiedad puede formar parte del estrés integrando la respuesta
fisiológica de defensa ante una amenaza o como producto del análisis
que hace una persona cuando no puede superar una demanda. El estrés no
necesariamente se acompaña de ansiedad: por ejemplo si alguien entra a una
competencia de maratón, tendrá una gran demanda que provoca estrés, pero se
acompañará de alegría, ansiedad o enojo
de acuerdo a la expectativa de ganar o perder la competencia.
Ansiedad
y miedo. En psiquiatría ansiedad se
define como un estado emocional desagradable en las que hay sensación subjetiva
de un peligro, malestar, tensión o aprensión, acompañado de una descarga
neurovegetativa y cuya causa no está
claramente reconocida para la persona. En el miedo existe similar
respuesta fisiológica que la ansiedad, pero se diferencia en que hay una causa,
un peligro real, consiente, externo, que está presente o que amenaza con
materializarse (Kaplan, 1999).
Síntomas de la ansiedad
SINTOMAS MOTORES
Temblor, contracciones o sensación de agitación. Tensión o dolorimiento de
los músculos. Inquietud. Fatigabilidad fácil.
SINTOMAS DE HIPERACTIVIDAD VEGETATIVA
Dificultad para respirar o sensación de ahogo. Palpitaciones o taquicardia.
Sudoración o manos frías y húmedas. Boca seca. Mareos o sensación de
inestabilidad. Nauseas, diarrea u otras molestias abdominales. Sofocos o
escalofríos. Micción frecuente. Dificultad para deglutir o sensación de
"nudo en la garganta".
SINTOMAS DE HIPERVIGILANCIA
Sensación de que va a suceder algo. Respuesta de alarma exagerada.
Dificultad para concentrarse o "mente en blanco". Dificultad para
conciliar el sueño. Irritabilidad.
Factores y
efectos de la ansiedad
En
el pasado, los trastornos de ansiedad solían considerarse relacionados
exclusivamente con conflictos intra-psíquicos.
Actualmente se acepta que en su origen participan factores biológicos,
psicodinámicos, sociales, traumáticos y de aprendizaje. Muchos de los
trastornos tienen su origen en anormalidades
neuroquímicas influenciadas genéticamente; otras están asociadas a conflictos
intra-psíquicos o se pueden explicar mejor por el efecto de estresores o conductas aprendidas; sin embargo, es la
combinación de estos factores lo que más
cercanamente se encuentra en su etiología.
Factores biológicos
PREDISPOSICION
GENETICA Una vulnerabilidad biológica primaria
condicionada genéticamente se ha
encontrado en la mayoría de los trastornos de ansiedad pero con mayor
contundencia en el trastorno por pánico, trastorno obsesivo compulsivo y fobia
social. Los parientes en primer grado de los pacientes con trastorno por pánico
tienen entre cuatro a siete veces más probabilidades de presentar el trastorno.
La tasa de concordancia del trastorno obsesivo compulsivo es superior en los
gemelos homocigotos que los di cigotos. Los parientes de primer grado de
pacientes con fobia social tienen más probabilidades de padecer el trastorno
(DSM; IV).
Factores psicosociales
Los
estresores psicosociales juegan un papel muy importante en muchos de los
trastornos de ansiedad, como factores precipitantes, agravantes o causales. Los
problemas de relaciones interpersonales, académicas y laborales, amenazas de
pérdidas, necesidades sociales y
económicas apremiantes, cambios en el sistema de vida, etc. se asocian en la
producción de los trastornos de adaptación de tipo ansioso y de la ansiedad
generalizada.
Factores traumáticos
Enfrentar
acontecimientos traumáticos fuera del rango de la experiencia humana normal,
como accidentes graves, desastres, asaltos, violaciones, torturas, secuestros,
etc., suelen provocar serios daños
biológicos cerebrales que se asocian a síntomas graves de ansiedad, como es el
caso del estrés agudo y del trastorno de estrés postraumático.
Factores psicodinámicos
La
ansiedad se considera como la respuesta individual a un peligro que amenaza
desde dentro en forma de un impulso instintivo prohibido que está a punto de
escapar del control del individuo (Kaplan). La ansiedad como señal de alarma
provoca que el "yo" adopte medidas defensivas. Si las defensas tienen
éxito la ansiedad desaparece y si no sale libremente o se contiene, según el tipo de defensa empleada, puede
presentar síntomas conversivos, disociativos, fóbicos, y obsesivo-compulsivos
(Kaplan).
Factores cognitivos y conductuales
Se
considera que patrones cognitivos distorsionados (sistema de pensamientos
negativos) preceden a conductas
desadapatadas y trastornos emocionales. La ansiedad se presenta por una
sobrevaloración amenazante de los estímulos y una infravaloración de sus
potenciales personales.
Efectos de la ansiedad
1.
Agresión: Hacerse daño así mismo o a otros, tener imágenes violentas, temor a
expresar obscenidades, temor a robar, etc.
2.
Contaminación: por gérmenes, suciedad o contaminantes que conducen a temores
irracionales sobre enfermedades.
3.
Sexo: Pensamientos, imágenes o impulsos sexuales prohibidos o perversos, dudas
homosexuales.
4.
Religión: Pensamientos blasfemos, preocupación excesiva por lo moral.
5.
Simetría y exactitud: Preocupación de que pueda suceder algo grave, a menos que
las cosas se encuentren simétricos o exactos.
6.
Somático: Preocupación excesiva por una parte del cuerpo, por una enfermedad o
padecimiento.
7.
Compulsión de limpieza y lavado: Lavado de manos excesivo o ritualizado o
rutinas para hacer sus necesidades, limpieza de utensilios u otros objetos,
medidas para eliminar contacto con contaminantes.
8.
Compulsiones a revisar: Revisar cerraduras, estufas, aparatos, etc., a que hizo
o no hizo daño a otros, que nada horrible ocurrió u ocurrirá , que no se hayan
cometido errores.
9.
Rituales de repetición: Releer o reescribir, repetir actividades rutinarias
(entrar/salir por una puerta, sentarse/pararse en la silla).
10.
Compulsión a contar.
11.
Compulsión a ordenar o arreglar.
12.
Compulsión a guardar o coleccionar (no confundir con pasatiempos).
13.
Otros: Rituales mentales, elaborar listas en exceso, necesidad de decir,
preguntar o confesar, necesidad de tocar, acariciar o frotar, rituales de parpadeo y fijar la mirada,
rituales para comer, conducta de auto daño o automutilación, comportamientos
supersticiosos, medidas para prevenir daño así mismo o a otros, rezar.
Estrategias y mensajes del educador.
Tal
como sistemáticamente se ha defendido, proponemos que la Motivación se
encuentra estrechamente relacionada con la supervivencia, y con el crecimiento
en general, que puede ser considerado como un incremento exponencial en la
probabilidad de que un individuo consiga los objetivos que persigue, entre
ellos, como es obvio, también el de la supervivencia, entendida, en este caso,
no sólo como la distinción vida-muerte, sino también en sus dimensiones
psicológica y social.
La
Motivación es un proceso adaptativo en el que resulta imprescindible considerar
la existencia de diversos componentes.
Como proceso que es, la Motivación implica dinamismo. Es un dinamismo
funcional, que tiene como objetivo incrementar la probabilidad de adaptación
del organismo a las condiciones cambiantes del medio ambiente. Recientemente Deckers (2001) ha propuesto un
sencillo esquema en el que establece los momentos que pueden distinguirse en el
proceso de Motivación.
En
cierta medida, la propuesta de Deckers es bastante similar a lo que señalara
hace unos años Kuhl (1986), aunque los intentos de éste no han tenido mucha
repercusión en el ámbito de la Psicología de la Motivación. En cualquier caso,
creemos que, si se quiere delimitar con mayor precisión el proceso de
Motivación, hay que analizar, paso a paso, lo que ocurre desde que un estímulo
o necesidad es detectado por el individuo, o su organismo, hasta que se
consigue, bien el objetivo o la satisfacción de la necesidad, bien el eventual
fracaso, en ambos casos analizando la atribución causal del resultado, pasando
por los diferentes estadios en los que se decide qué hacer y cómo hacerlo.
A
grandes rasgos, la secuencia que proponen Kuhl (1986) y Deckers (2001)
considera tres momentos: elección del objetivo, dinamismo conductual y
finalización o control sobre la acción realizada. En cuanto a la elección del objetivo que se
convierte en meta, el individuo decide qué motivo satisfará, y qué meta
intentará conseguir para satisfacer dicho motivo. Esto es, existe una
circunstancia previa o incentivo que activa un motivo, junto con la potencial
energía necesaria para ejecutar una conducta.
La
elección de un motivo depende de la intensidad del mismo, de lo atractivo que
resulte el incentivo, de la probabilidad subjetiva de éxito y de la estimación
del esfuerzo necesario para conseguir el objetivo. En cuanto al dinamismo conductual, se refiere
a las actividades que lleva a cabo un individuo para intentar conseguir la meta
elegida. Es decir, a partir del motivo y del incentivo seleccionado para
satisfacer ese motivo, el individuo decide qué actividades le permitirán
conseguir la meta, llevando a cabo la conducta instrumental apropiada para ese
fin. Genéricamente, la conducta instrumental hace referencia al conjunto de
todas aquellas actividades motivadas en las cuales se implica un individuo para
satisfacer un motivo.
Consiguientemente,
las conductas instrumentales son un aspecto relevante, pues pueden ser
consideradas como el nexo de unión entre un motivo y su satisfacción. De la
correcta ejecución de las conductas instrumentales depende que se consiga o no
la meta que el individuo ha elegido.
Creemos
que, en ocasiones, además de elegir y decidir qué motivo es el que un individuo
intentará satisfacer, también cabe la posibilidad de elegir y decidir qué
actividades o conductas instrumentales elige un individuo para conseguir el
objetivo. Hay algunos aspectos de la conducta instrumental que reflejan el
nivel de motivación; tales aspectos se refieren a la frecuencia, la intensidad
y la duración. La frecuencia se refiere al número de veces que un individuo se
implica o inicia una actividad para conseguir el objetivo; se puede asumir que
cuanto mayor es la frecuencia con la que un individuo lleva a cabo actividades
en pos de un objetivo tanto mayor es la motivación de ese individuo.
Es
un argumento muy parecido al que utilizábamos anteriormente para explicar el
concepto de motivación en términos de “persistencia” de una determinada
conducta: cuanto mayor es la persistencia que muestra un determinado individuo,
tanto mayor es el grado de su motivación para tratar de conseguir un
determinado objetivo.
La
intensidad se refiere al vigor o la fuerza con la que el individuo lleva a cabo
la actividad o conducta instrumental; por regla general, también existe una
asociación entre intensidad de la actividad y nivel de motivación. Es un
aspecto muy parecido al que proponíamos al hablar del concepto de motivación en
términos de “vigor o intensidad”. La duración se refiere al tiempo que un
individuo dedica a la satisfacción de un motivo. En cuanto a la finalización y al control
sobre la acción realizada, se refiere al análisis del resultado conseguido con
las distintas acciones o conductas instrumentales que el individuo ha llevado a
cabo.
Es
decir, el individuo constata si, mediante las conductas que llevó a cabo, ha
conseguido satisfacer o no el motivo que eligió. Tanto si se ha conseguido la
meta, como si se fracasó, el individuo realiza los pertinentes procesos de
atribución causal, que le permitirán en el futuro decidir si vuelve a utilizar
las presentes conductas o tiene que introducir algún tipo de modificación. Si
el resultado ha sido la consecución de la meta, el individuo llevará a cabo la
correspondiente conducta consumatoria, con la cual pone fin al proceso
motivacional. Como indica Deckers (2001), la conducta con sumatoria representa
la finalización de la secuencia motivacional; la ejecución de la conducta
consumatoria completa dicha secuencia motivacional mediante la satisfacción del
motivo.
Si,
por el contrario, el individuo no ha conseguido la meta, en función de los
parámetros relacionados con el interés o necesidad de conseguir esa meta,
decidirá si persiste e intenta de nuevo su consecución, o si, por el contrario,
cambia la meta a conseguir, eligiendo otra que considere más asequible.
Conducta
motivada. Una vez el individuo ha decidido cuál de los objetivos es el que
intentará conseguir, decide también cuál de las posibles conductas disponibles
en su bagaje de estrategias, recursos y habilidades es la más pertinente,
teniendo en cuenta la situación, las circunstancias y el momento en el que ese
individuo se encuentra.
Dicha
conducta tiene que ser considerada como una especie de instrumento con el que
el individuo intentará conseguir el objetivo (ahora meta) que se ha propuesto
conseguir. Como decíamos, se trata de la opción que, al menos en esos momentos,
puede ser considerada como la más apropiada….o la menos mala, siempre desde el
punto de vista del individuo que lleva a cabo la acción.
Referencias
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